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lunes, 6 de mayo de 2013

Parque Municipal Llao Llao


Domingo 5 de mayo

Destino:  Parque Municipal Llao Llao - Sendero de los Arrayanes.
Nuestro propósito fue el de fotografiar al Huet Huet, al Churrín Andino y "cazar" visualmente a los hongos del lugar.
La mañana fresquita nos acompañó a adentrarnos en el bosque húmedo, después de varios días de lluvias. Picaflores, increíblemente, nos dieron la bienvenida haciendo las más bellas poses ante las flores del quintral y para las cámaras expertas de nuestros amigos fotógrafos. 


Picaflor Rubi, tomando un descanso después de libar un quintral
Quintral en flor

En el camino, vimos muchos comesebos, tranquilos disfrutando de “su lugar”, también pudimos observar de cerca rayaditos que en grupos numerosos alegraron nuestras retinas, personalmente ¡es la primera vez que veo tantos individuos y de tan cerquita!!
Comesebo Patagónico - Phrygilus patagonicus

Rayadito en tronco de Arrayán
Escuchamos a los chucaos que no quisieron mostrarse para todos (algunos pudieron observarlos), pero nos hacían notar que estábamos siendo observados. Algo similar sucedió con el Huet Huet quien se hizo escuchar aunque sólo vimos su silueta camuflada entre las cañas colihues.
Chucao (enramado, como suele verse en el sotobosque)
Chucao - Scelorchilus rubecula

Ante la llegada de las lluvias otoñales, hicieron su aparición los hongos, ávidos de descomponer tanta hojarasca y troncos caídos. Observamos una gran diversidad, con sus distintas formas y colores. 


Hongo "Lengua de Vaca"

Diversidad de hongos
Ramaria sp

Fue mágico al llegar al bosquecito de arrayanes descubrir el contraste entre el color de sus troncos y la alfombra blanca formada por los pétalos de las flores caídas de los árboles y matizada con el azul de algunos frutos… maravilloso. Ni que hablar de las ramas de los espinos azules cargadas de frutos.


Bosquecito de Arrayanes, tapizado por los pétalos de sus propias flores
Fruto de arrayán entre pétalos de sus flores
Fruto de espino azul

Pasado el mediodía, la mayoría del grupo dio por terminado el paseo y tres integrantes nos quedamos a seguir disfrutando de lo maravilloso que es caminar por ese bosque. Vimos más comesebos, infinidad de rayaditos y picaflores; seguimos escuchando al chucao, también vimos una Remolinera Araucana solitaria y a los gritos en la roca del Mirador. 


Quetro volador, macho y hembra
Ya en el Morenito vimos una pareja de patos maiceros, un huala disfrutando en el agua, dos parejas de quetros voladores, con su ceja blanca característica, que se fueron acercando  a nosotras y nos permitieron fotografiarlos.


¡Como siempre un Placer compartir la naturaleza junto a amigos!!  Una caricia en el alma. Gracias a todos los que compartimos este momento de Felicidad.

martes, 23 de abril de 2013

Regalo de otoño

Lago Guillelmo

Salimos con Noni al mediodía rumbo a El Bolsón. Nuestra meta, ¡disfrutar los colores del otoño! Con tan buena suerte que el día se presentó con un cielo totalmente despejado y sin viento.
Al rato de salir, en la orilla del lago Gutiérrez, nos esperaban una Gaviota cocinera descansando en una roca, un grupo de Patos Barcinos y una pareja de Quetros voladores, que dormitaban sobre otra roca… posaron para las fotos… ¡pero no se movieron!! En cambio la Gaviota si nos mostró su vuelo.

Gaviota cocinera y Pato barcino
Quetro volador









Gaviota en vuelo










Pato barcino







El viaje fue una fiesta de color, las lengas, los ñires, hileras de álamos, mosquetas y espigas secas se combinaban como en una pintura. Al llegar al lago Guillelmo nos sorprendió el reflejo sobre la superficie calma del agua. 

Tronador

El Guardaparque de Mascardi se detuvo a preguntarnos si todo estaba bien y charlamos un rato. Él fue quién nos hizo ver el Tronador que asomaba su blanca cumbre entre las montañas, a nuestras espaldas.



Lujo otoñal

Las hileras de álamos dejan adivinar los lugares donde hay pobladores. La máxima demostración fue cuando llegamos a El Foyel. En este lugar la ruta pasa entre dos largas hileras y estaban totalmente amarillos. Nos bajamos a fotografiarlos y en ese momento, ayudados por una suave brisa, empezaron a soltar hojas doradas que bailaban un largo rato en el aire por encima y alrededor nuestro hasta depositarse en el suelo, ya cubierto de hojas… un regalo para los ojos y el alma. 










Para la vuelta, nos esperaba la luna casi llena. Apareció detrás del cordón montañoso y nos acompañó todo el viaje.